Ese hueco entre mi alma y la tuya.

Es esa oquedad que se forma entre tu cuerpo y el mío cuando con fervor te abrazo, con la intención de esquivar esa actitud adusta en vos como una vasta defensa de artillería barata…

Es ese hueco que se forma en mi corazón cuando te vas y ni un adiós me das, y yo me quedo. Simplemente esperando a que vuelvas a llenar ese vacío que dejas con tu maldita ausencia que nunca te llevas del todo.

Sin saber que no hay espacio que entre tú y yo la distancia pueda separar. Mientras me hagas revolcar con tan solo añorarte.

Es esa sonrisa que se forma en tus labios al mencionar mi nombre de la misma forma como en vano lo mencionas y escupes. Así mismo me escuece el alma cuando cuenta me doy que en ti no queda nada más que llanas falacias sumidas en desgracias.

Tú esencia pura me destroza y me amaña.

Pisándonos los pies.

Tú y yo éramos tan incompatibles, tú amanecías mientras yo apenas dormía y así no se podía.

Tal vez no funcionamos porque tú bailabas muy bien y aunque yo siempre trate de seguir tus pasos, terminábamos pisándonos los pies.

Tal vez fue porque te leía poesía y tú no la entendías, y aunque te encantara escucharme estoy segura que solo me oías.

Tal vez fue porque a ti te gustaba el orden y yo era la epístrofe de la palabra caos repitiéndose una y otra vez.

Tú siempre llovías y yo solo reía.

Yo llena de miedo y tú siempre tan tranquila.

Yo siempre fui 8 lunas y tú 9 días…

Ansiedad.

Tengo la cabeza a estallar, no paro de pensar, pensamientos que me han de matar.

De inundarme hasta ahogar, de estrellarme hasta parar.

De gritarme hasta callar, de reírme hasta llorar.

Quiero enmudecer mis pensamientos y llenar el silencio con música, con rimas, nada más que poesía. Risas de mudos y miradas de ciegos que formen sinfonías.